El capÃtulo 4 trata sobre criaturas, desde peces hasta langostas y pulpos, que depositan sus huevecillos en el mar abierto, confiando en un instinto que parece provenir de origen. Sin guÃas parentales evidentes, como las que vemos en nosotros, los mamÃferos, sino más bien con la guÃa innata de la madre tierra, estas pequeñas criaturas siguen un camino que, de alguna manera, ya está trazado.
La idea de que estas criaturas, tan diferentes entre sÃ, compartan un destino común a manera de incubadora comunal en las profundidades del océano me dejó pensando. Aunque nosotros, como humanos, tenemos una capacidad más amplia para influir en nuestras decisiones, la pregunta que surge es: ¿también llevamos una especie de programación interna desde nuestro origen?
El hecho de que estas criaturas, sin ninguna figura que las oriente, salgan en busca de su alimento ocultándose por el dÃa en las profundidades y saliendo cada noche a un recorrido que en el documental compararon con recorrer como humano; 400 km diarios, me hizo reflexionar sobre nuestra propia búsqueda en la vida. ¿Será que, al igual que ellas, tenemos la capacidad innata de saber qué hacer para sobrevivir y encontrar nuestro camino?
¿Será que también estamos conectados a una especie de sabidurÃa ancestral heredada por la madre tierra que nos guÃa sin siquiera pensarlo?