Si Siega me encantó, Nimbo me voló la cabeza. Este segundo libro es más grande en todo: más giros, más tensión y más preguntas que te hacen dudar de todo lo que creías del mundo de los segadores.
Lo que más me enganchó fue ver cómo el Nimbo, esa inteligencia artificial que parecía perfecta, empieza a mostrar grietas y decisiones que me dejaron con la piel de gallina. También me gustó ver a los personajes crecer en medio de tanta presión, con momentos que me emocionaron y otros que me hicieron rabiar.
Para mí, Nimbo fue un subidón: una historia intensa, con un mundo cada vez más oscuro y adictivo, que me hizo querer pasar páginas sin parar.