De nuevo el arte a favor del feminismo y el movimiento "me too".
Ridley Scott retoma escenarios medievales tratando luz y color como elementos fotograficos para reproducir una epoca oscura, desmistificando el glamoroso aspecto de esa espoca en otras peliculas. Pero el tema es actual, una mujer abusada por un ex-amigo y el viejo dilema de decir o no la verdad bochornosa y sus consecuencias. El escarnio del honor mancillado, la conviccion de que hubo consentimiento hasta en amigos intimos de la victima, El deber de callar, defendido por la suegra de la victima, el publico que aplaude el espectaculo, en contra de la victima primero, pero a favor despues segun el resultado del juicio divino, un duelo en este caso.Scott no exime de culpa tampoco al esposo, que tambien abusa de la victima de palabra y con actos como si fuese un objeto,ni a la iglesia que ve como crimen la afrenta al honor del esposo , no la violacion en si. Nada, mas del mismo feminismo toxico, en una buena pelicula