A pesar de contar con Danny Boyle en la producción, es una serie lenta y pretenciosa.
Muestra la cara más superficial de la escena under de esos años, careciendo de marginalidad y realismo, dejando fuera el trasfondo polÃtico y cultural que es escencial para el surgimiento del punk como movimiento social.
El movimientos de la cámara a ratos la hace ver como The Office, otras veces utilizan el plano holandés, transiciones muy repetidas y angulos de cámara que crean un estilo muy confuso y poco provechoso para la narrativa.
Aunque los actores no se parecen fisicamente a quienes interpretaj, quizás no es malo y solo tienen mala dirección. El desarrollo del personaje de Steve y su pasado es muy forzado y obvio por lo que cuesta empatizar con él. En general el desarrollo de todos los personajes es muy escueto y los diálogos tampoco ayudan.
Cuenta con muchas escenas musicalizadas y escenas reales de conciertos o de la época, lo que está bien para una pelÃcula, pero para una serie con capÃtulos de larga duración se vuelve bastante tedioso. Y es una forma bastante pobre de contextualizar la época.
Está serie podrÃa haber sido muy atractiva y dinámica en estética y contenido, pero terminó pareciendo una pelÃcula de Netflix.