La muerte de Joel en The Last of Us Part II es uno de los ejemplos más evidentes de cómo sacrificar el desarrollo lógico de un personaje y la conexión con los jugadores por el simple shock value. Desde el primer juego, Joel fue construido como un sobreviviente astuto y calculador, que siempre ponÃa la seguridad por encima de todo. Sin embargo, en la secuela, su muerte se presenta de forma forzada e incoherente con su carácter, confiando ingenuamente en desconocidos y cayendo en una trampa que cualquier jugador sabe que Joel jamás habrÃa permitido.
No solo es un golpe innecesariamente cruel, sino que su muerte ocurre tan pronto en la historia que se siente como una traición al legado del primer juego. Los fans pasaron años construyendo una conexión emocional con Joel, solo para que el personaje fuera eliminado de una manera que no honra su profundidad ni su impacto en la narrativa original.
Por si fuera poco, la escena parece diseñada exclusivamente para provocar indignación, manipulando las emociones de los jugadores sin una justificación real dentro del contexto. Los desarrolladores priorizaron un mensaje que claramente busca polarizar por encima de una narrativa orgánica y respetuosa hacia los personajes que definieron la franquicia.
Finalmente, la forma en que se maneja la historia después de su muerte tampoco ayuda. El juego fuerza a los jugadores a empatizar con Abby, el personaje que lo asesina brutalmente, lo que no solo es alienante, sino que subestima el tiempo y el cariño que los fans invirtieron en Joel. Al final, su muerte no se siente como una decisión narrativa valiente, sino como una FALTA DE RESPETO a los fans y al personaje que llevó a The Last of Us al estatus icónico que tiene hoy.