Irene Adler no pierde un momento para lograr lo que pocas personas pueden: jugar con Sherlock Holmes. Medio divertida y encantada por la presencia que supone Sherlock, Irene se presenta como una mujer encantadora y para nada domesticable, que comprende los peligros de su vida y no pierde las oportunidades, sabe cuando utilizar a las personas y el entorno a su favor con el fin de resguardar su propia vida.
Escandalo en Belgravia nos devuelve a los textos de Arthur Connan Doyle con un Sherlock seguro de engañar a Adler con su disfraz y su agudeza mental, encontrándose a una persona que llena el seudónimo de La Mujer, porque sin duda lo es. Siguiendo la línea de la novela, Holmes logra conseguir lo que estaba buscando para su cliente, fracasando por completo en atraparla y consiguiendo quedar fascinado por ella aunque trate de negarlo.
La relación que une a Irene con Sherlock, es un juego de atrapar al ratón que acaba solo cuando Holmes, finalmente consigue superar su flechazo y robarle aquello que le otorgaba libertad.
No será el mejor episodio de la serie, pero sin duda, es de los más memorables por su ejecución y la actuación de Lara Pulver, quien tiene esa justa cantidad de química con el personaje de Sherlock Holmes, interpretado por Benedict Cumberbatch
En esta ocasión, el resto de los personajes funcionan como relleno, con excepción del Dr. Watson (Martin Freeman) y las insinuaciones hacia la relación más íntima que posee en realidad con el Detective de Baker Street, que funciona magníficamente como el alivio cómico a lo largo de toda la serie.
Cautivador y enigmático, es imposible no verlo, mínimo, dos veces.