MALA. MUY MALA!
Parece que solo quisieron pegar en la nostalgia.
En la historia original, Betty no era fea. Ella era insegura, tímida, invisible para un mundo que solo valora lo superficial. Su transformación no era física, sino emocional, espiritual, simbólica.
Al final de la novela, cuando Betty “se arregla”, no lo hace para agradarle a nadie. Lo hace porque ya se siente libre, ya se acepta, ya sabe quién es. Su nueva ropa y peinado son símbolos de ese crecimiento interior, no lo que la hace bella.
Y en la serie nueva… eso se pierde.
Volver a vestirla “como antes” no es fidelidad al personaje, es reduccionismo.
Los personajes ya no tienen alma, parecen caricaturas de lo que fueron.
La historia no conmueve, no transforma, no deja huella.
“Yo soy Betty, la fea” era arte, esta secuela es solo mercadotecnia.
Una serie vacía que usa la nostalgia como disfraz, pero no tiene corazón.
1 estrella porque no se puede poner cero.