Me gusta la crudeza con la que Mario Benedetti aborda temas como la soledad, el sexo, el paso del tiempo y la fugacidad de la felicidad. Lo hace sin adornos innecesarios, con un lenguaje tan íntimo y directo que pareciera casi como si uno estuviera espiando los pensamientos más profundos de una persona real.
Esa sinceridad me impactó mucho, porque muestra la vida sin maquillaje. La rutina, el desencanto, pero también los breves momentos de luz que dan sentido a todo lo demás. No es una historia complaciente, y justamente por eso resulta tan humana y cercana.
Leerla me ha inspirado a dejar por escrito lo que siento y pienso, con la misma honestidad con que Santomé llena sus páginas. Es un libro que te impulsa a mirar tu propia existencia con otros ojos.
Mi frase favorita es: "No sé si soy una persona triste con vocación de alegre, o viceversa, o al revés. Lo que sí sé es que siempre hay algo de tristeza en mis momentos más felices, al igual que siempre hay un poco de alegría en mis peores días".