Lo que está sucediendo en el jurado con el imitador de Camilo Sesto no deja de sorprender. Pareciera que han dejado la objetividad a un lado, que es la esencia de un concurso de esta naturaleza, para abrumar con sus elogios la imitación de este muchacho, cuya actuación no lo aproxima al original de la manera como lo idealiza Amparo Grisales.
Que se sepa desde ya: O están buscando el perfecto imitador, como lo proclama el programa, o es el que, contra las evidencias, quiere promover el jurado.
Cómo es posible que mientras los imitadores de Leonard Favio y Carlos Gardel no solamente imitan a la perfección con sus voces a los originales sino que lo hacen con la vestimenta de las épocas de éstos, a Camilo Sesto lo visten con trajes que nunca fueron usados por el Camilo Sesto original y lo ponen a hacer movimientos sensuales que no corresponden al auténtico en su época. Esto también va para los de la escuela.