La peor pelÃcula del Hombre de Acero jamás hecha.
Resulta casi doloroso tener que escribir esto, pero Superman (2025) se ha convertido en un auténtico desastre cinematográfico, probablemente la peor adaptación del personaje en toda la historia de DC. Es triste, en el mejor de los casos, que después de años de un Superman sólido y carismático con Henry Cavill, hayamos terminado con este experimento fallido que parece no entender ni al personaje ni al público al que deberÃa dirigirse.
El guion es el primer gran problema: infantil, pobre y forzado hasta la incomodidad. Las lÃneas de diálogo parecen sacadas de una caricatura de sábado por la mañana, sin la más mÃnima profundidad ni emoción. Todo lo que alguna vez representó Superman —la esperanza, la nobleza, el dilema de ser un dios entre humanos— se diluye aquà en una trama vacÃa, construida a base de clichés y giros forzados que no llevan a ninguna parte.
El tono de la pelÃcula oscila sin rumbo, intentando ser una historia épica pero quedándose atrapada en un estilo casi paródico que resta seriedad al mito del Hombre de Acero. Las escenas que deberÃan inspirar grandeza se sienten ridÃculas, casi como si hubieran sido escritas por alguien que nunca entendió qué hace a Superman un sÃmbolo universal.
La elección de apartar a Cavill y reemplazarlo por este nuevo intento de Superman no hace más que acentuar la decepción. Cavill habÃa conseguido un equilibrio entre la humanidad y la divinidad del personaje, y aunque sus pelÃculas podÃan ser discutibles en dirección o guion, él siempre fue un Superman imponente y creÃble. AquÃ, en cambio, el protagonista carece de carisma y transmite la sensación de estar perdido en un papel demasiado grande para él.
Visualmente, tampoco se salva. Aunque los efectos especiales cumplen en lo técnico, el exceso de CGI termina saturando y resta cualquier impacto real a las escenas de acción. Todo se siente artificial y vacÃo, como un videojuego barato.
En definitiva, Superman (2025) no solo fracasa como pelÃcula de superhéroes, sino que mancha la herencia del personaje más icónico de los cómics. No emociona, no inspira y, lo que es peor, no respeta a Superman. Lo único que deja claro es que DC ha perdido el rumbo, y que sustituir a Henry Cavill por este producto plano fue una decisión que los fans jamás perdonarán.