La esencia del primer Diablo jamás ha sido superada por ninguna de sus secuelas. Diablo II lo sobrepasó en cuanto ha contenido y jugabilidad pero jamás pudo (en mi opinión) superar el estilo adulto y serio de su antecesor; con su oscura y realista medievalidad, su cruda brutalidad carente de exageración, su gótica y melancólica atmósfera, recargada de misterio y horror...
El Diablo original era una deliciosa tortura audiovisual de cuerpos empalados y aullidos desgarradores de tortuoso dolor, sumidos en las sinuosas sombras que enmarcaban sus tétricos y claustrofóbicos laberintos subterráneos.
Hace años que estoy esperando que Blizzard lance un remake del Diablo original. Personalmente me gustaría que se mantuviera el concepto original pero a su vez se ampliara el contenido. Crear un mundo en la superficie, donde la villa de Tristram sea el epicentro del mal pero que esté rodeada de espacios abiertos y otros poblados, más allá...
Un mundo enorme y totalmente abierto con variedad de escenarios e historias. Y abajo, en el inframundo, cientos de niveles de generación aleatoria, con muchos quest, que estén interrelacionados con los relatos contados en la superficie.
Amaría ver a Diablo recobrar todo aquello que lo convirtió en un clásico allá por los 90s. Y aunque se que eso es algo muy difícil, dadas las actuales tendencias, aún no pierdo la esperanza.