Aparte del hecho del que todos hablan, el episodio final de And Just Like That… me dejó con sentimientos encontrados. Por un lado, aplaudo la narrativa de dejar a Carrie sola, no como derrota, sino como elección, en contraste con finales románticos predecibles. Este mensaje de independencia y autodescubrimiento tiene potencia cultural y emocional.
Por otro lado, la ejecución del capÃtulo final fue abrupta y dispersa: escenas como la del inodoro o los gags descontrolados restan fuerza al momento central, creando una desconexión emocional. Aunque el mensaje final era poderoso, el viaje hasta ahà careció de coherencia.
Pero lo que me parece algo realmente lamentable es que la serie venÃa construyendo algo interesante: mostrar a mujeres que envejecen de forma realista, con nuevas experiencias, vulnerabilidades y sabidurÃa. Muchas escenas de And Just Like That… reflejan eso: cuerpos cambiando, dudas existenciales, la muerte, nuevas sexualidades, el duelo… Todo parecÃa apuntar hacia una narrativa madura y honesta sobre lo que significa envejecer.
Pero de repente Carrie parece haber rejuvenecido diez años. Y eso rompe el hechizo. No solo en lo visual, sino en lo simbólico.
El riesgo de ese cambio estético es que deshace parte del mensaje progresista que la serie intentaba transmitir: que una mujer mayor puede ser protagonista, atractiva, sexual, libre, sin necesidad de parecer 10 años más joven.
Y si la protagonista misma recurre a esa transformación, la coherencia se rompe y parte de la identificación del espectador se pierde.